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miércoles, 12 de septiembre de 2012

DE LA TEORÍA A LA REALIDAD: GESTIÓN COMUNITARIA


 
Hace unos quince días recibí el siguiente mensaje de quien fuera Coordinador Español de los programas de Cooperación en Honduras.

Estimado Eugenio, le mando un reporte, donde puede visualizar algunos resultados que se han dado en los barrios en los que se actuó con jóvenes. Aunque un poco "populista" el reportaje, si podemos decir que se han dado resultados muy positivos y que se ha implementado la metodología tal y como la planificamos en su momento.
Gracias a su aportación y a la aplicación de metodologías basada en la gestión personal, grupal y la autoeficacia, estos resultados han sido posibles. Esperemos que en la prisión de mujeres tengamos también estos resultados.
Creo que le gustara saber en que estas teorías funcionan fuera de la experimentación y son reales cuando se aplican en la vida real.
Un fuerte abrazo, hasta pronto.

http://www.facebook.com/l/nAQHQTvf4AQEI7pI-h7dovrKaQnNq-PThynuj4d-nI3o1cQ/www.youtube.com/watch?v=5d9eHep3pWg&feature=player_embedded

Cuando a uno le llega la edad de tener que abandonar impositivamente la actividad que ha realizado durante su vida profesional necesariamente ha de preguntarse: ¿Y ahora qué? ¿Qué quiero ser de mayor?

He de confesar que espontáneamente me orienté hacia el voluntariado. Era lo lógico, dada mi especialización en psicología. Pensé, por en contrario, enseguida, que era una manera de ocultarme a mí mismo la realidad de que la psicología ya no era mi vida activa. Es cierto que no me hubiera importado seguir unos años más en la docencia e investigación. Es cierto que, cuando la he  ejercercido, volvía a sentir que me gusta trasmitir lo que estudio o investigo. Pero no es menos cierto que la realidad vital personal hay que afrontarla de cara: todo eso no sería más que dilatar el tiempo de la agonía profesional.



El segundo de los inconvenientes, no menor que el anterior, fue concienciarme de que adquirir el compromiso público de dedicar determinadas horas semanales a una actividad de voluntariado suponía imponer tus horarios a las personas de tu entorno, limitando la libertad, que ha de sentirse en la jubilación, de poder romper la monotonía a antojo sin tener que decir: “es que el martes a las cinco de la tarde tengo que estar en …” No debe ser justo ni para con uno mismo ni menos con quienes conviven contigo, privarse de la libertad ganada durante los años. A menos que se pacte así la convivencia.

Pero no era fácil rechazar del todo a la idea del voluntariado.


En estas andaba cuando, a través de este blog, me llega, desde Honduras, una petición de consejo de quien coordinaba, por entonces, la cooperación española. Deseaban realizar una intervención con jóvenes de  poblados muy indigentes, dominados por la delincuencia, y creía que mis conocimientos sobre autoeficacia y gestión personal podría ser el fundamento teórico y metodológico de la intervención que lanificaban.



Aquella petición colmaba  mi orientación hacia el voluntariado, sin ninguno de los inconvenientes. En terminología sociocognitiva, se trataba de ejercer el voluntariado vicariamente. Y eso fue lo que hice: “desde ahora en adelante, le contesté, está será mi dedicación prioritaria. Me tienes a tu disposición”.



Entre las carpetas de los correos electrónicos que guardo hay una titulada: PROYECTO HONDURAS. En ella se guarda toda la correspondencia mantenida, a lo largo de más de cinco años, con Javier Herráiz. No nos hemos visto nunca. No nos reconoceríamos si  llegáramos a encontrarnos, pero hemos mantenido una estrecha colaboración y, como se ve en el mensaje que encabeza este tema, la seguimos manteniendo ahora que se ha embarcado en otro proyecto en las cárceles de mujeres hondureñas.



Elaboramos, conjuntamente, un largo documento sobre la gestión personal grupal, con el fin de generar en los jóvenes de cada uno de los poblados la percepción de autoeficacia grupal: que ellos se juzgaran capaces de sacar a sus gentes de la droga, la criminalidad y construir un entorno humano y material donde se sintiera la luz de progresar autónomamente.



Alguna otra vez me habían pedido, estando en la Universidad, que diera algún curso a quienes se preparaban para la cooperación en Hispanoamérica. Había tenido siempre la impresión de que las ayudas consistían en ofrecerles medios materiales más que en capacitarlos personal y comunitariamente. Quizás estuviera demasiado influenciado por las teorías de Oscar Lewis sobre la Cultura de la Pobreza. Teoría que el insigne psicólogo social formulara estudiando precisamente poblaciones de Centroaméricas.



A lo largo de los temas de este blog han ido apareciendo constantemente los fundamentos teóricos y los procedimientos prácticos sobre cómo ser uno mismo el gestor de su propia vida: proponerse metas a largo plazo, dividirlas en pequeños hitos semanales o mensuales, evaluarlos gráficamente... Se trata, en definitiva, de la primera de las fuentes de la autoeficacia: la ejecución personal exitosa.



Para ello hay que hacerles entender que logran esos resultados no porque estén asistidos por la ayuda internacional, sino porque ellos se lo han propuesto y ellos lo van consiguiendo. Una idea era esencial: que toda la iniciativa, en cuanto a las actividades a realizar, los medios a elegir y el análisis de resultados, la tendrían los jóvenes solitos. Los cooperantes serían testigos de sus decisiones, de sus logros y consultores en los momentos de dificultad.



Quien se embarca en intervenciones de esta naturaleza debe armarse de mucha entereza personal para no caer en el desaliento. Que unos jóvenes, que no llegan a los 20 años, se hagan responsables de actividades comunitarias, tan simples como allanar un terreno donde poder jugar al futbol, es tarea, de entrada, casi imposible. Las intervenciones psicológicas para erradicar la droga, la criminalidad e implantar disciplina personal son muy distintas a eliminar una plaga de insectos fumigando por la noche, desde una avioneta, las áreas de la plaga. Tanto Javier como yo tuvimos que luchar contra la desconfianza y el recelo, incluso de los mismos cooperantes.



Pero ellos, a pesar de todo,  los cooperantes tuvieron fe en lo que emprendían, adoptaron las ideas de la autoeficacia y la gestión  personal o grupal comunitaria. No soy yo quien ha de exponer las dudas, las dificultades, los avances y retrocesos, los desánimos que han impregnado a los dirigentes del proyecto a lo largos de estos cinco años. Ellos podrían publicar todo un manual práctico.



Pero cuando las intervenciones psicológicas tienen sus resultados, estos son llamativos, tanto que, como se ve en el vídeo, los políticos se lo apropian.



No tratéis de identificar a Javier en el vídeo. Hace casi un año que terminó ese contrato.  Ahora, como me dice en el mensaje, está metido en la implantación de un programa semejante en las cárceles de mujeres hondureñas.



-Es injusto, Javier, que no aparezca ni siquiera tu nombre, le decía yo, después de visionarlo.
-"No te preocupes Eugenio, lo de no salir en el video no importa, pues verdaderamente en acción humanitaria no importa el quien sino lo que se consigue. En cuanto lo de la cárcel de mujeres vamos bien, empezamos en Junio pero, precisamente esta semana que viene, empezamos fuerte, con diversos talleres de gestión personal y grupal tanto con guardias como con personas privadas de libertad. Le mantengo informado, un abrazo. "



Personalmente me queda la confirmación de que aquellos procesos psicológicos que se desarrollan en los laboratorios de investigaciones psicológicas  y que se publican en las revistas de impacto científico, cuando se aplican a problemas sociales también superan el aprobado.  Por eso: de la teoría a la realidad

martes, 17 de julio de 2012

ARMAS E IDEAS: DEMASIADAS VECES JUNTAS


  
¿Es Breivik culpable?  Con este titular analizaba Ann-Luise Gulstad, en un artículo publicado  en el diario EL Mundo, (27 de junio pasado),  el dilema al que se enfrentan el Tribunal y la población noruega, una vez finalizada la vista en la que se juzga  a este asesino de  adolescentes,  que ponían a puto sus ideas políticas en la isla la de Utoya .

Si le juzgan enfermo mental (paranoia esquizofrénica), la sentencia ordenará encerramiento psiquiátrico, hasta que se cure. Si los tratamientos psiquiátricos consiguieran devolverle la cordura, retornaría a la sociedad libre. Esto ocasiona temores de que, ya curado (¡) vuelva a  cometer nuevos crímenes “ideológicos”.

Si se le juzga cuerdo, deberá encerrársele de por vida en la cárcel. Pero allí tendrá acceso a las conexiones online a través de los cuales podrá seguir divulgando sus ideas contra el Islam y sus “cómplices” occidentales. Dado su estilo de vida solitaria, la cárcel, con comunicación online, es poco (nulo) castigo para quien ha ocasionado tanto dolor. ¿No termina ría convenciendo a otros para que pongan en prácticas las ideas de su MEMORÁNDUM?

Breivik esencialmente es una persona, tan ferviente y devotamente convencida de sus ideas, que cree en la violencia extrema, si llega el caso, como instrumento para propagarlas. Breivik es un comunicador y, como tal, desea que su mensaje sea creíble. Sus ejecuciones, bien a su pesar (como dice explícitamente en su MEMORANDUM), son un acto de altruismo a favor de los derechos humanos conquistados por occidente. Su juicio lo convierte (siguiendo su manual de instrucciones) en acto de comunicación y propaganda. Hicieron bien los Magistrados al no permitir que fuera público y televisado.

¿Cuál sería, pues, la sentencia más dolorosa para Breivik? Sin duda, que se le juzgue como loco. De esta manera SE DESCALIFICA LA CREDIBILIDAD DE SU MENSAJE. Él lo sabe. Por eso insulta y descalifica la credibilidad de los psiquiatras que le diagnostican de demente paranoico.

Pero la CREDIBILIDAD DE UN MENSAJE no reside solamente en quien lo emite, también EN QUIEN LO RECIBE.  Aunque la sentencia encierre a Breivik en un psiquiátrico, ¿dejarán de creerle quienes lean su mensaje? Los héroes y los santos lo son porque los demás consideran sus actos como ejemplares y excepcionales.  En tal caso, resultaría indiferente cualquiera de las dos sentencias. Cualquiera de las dos pueden ensalzan a un héroe que entrega su vida por sus ideas benefactoras.

¿De qué quiere salvar Breivik a Europa ante la nueva invasión del islamismo? Dicho en terminología de las necesidades básicas de Deci, Breivik quiere que occidente preserve la competencia personal, la autonomía y la libertad de las relaciones interpersonales. Sin ellas, como dice otro eminente psicólogo social, Locke, vivir carece de sentido.

Dicho paradójicamente, el asesino noruego quitó la vida a quienes eligieron sus propios ideales políticos: la tolerancia personal y social. Su error consistió en defender sus ideologías con las armas. En la cultura occidental no se permite matar por ideología. Y cuando se hace, toda la sociedad se coloca frente al criminal. Por eso es criminal, porque lo hacen solamente unos pocos contra el sentir común tolerante de los demás.

“La imágenes que van a ver hieren la sensibilidad humana”. Con esta introducción presentaron todos los telediarios, hace exactamente 10 días, la ejecución de una mujer supuestamente adultera.  Intento abrir el vídeo en YouTube y me encuentro con la advertencia: “Este video de YouTube puede incluir contenido inadecuado para algunos usuarios. Inicia sesión para confirmar tu edad”.

 En el recodo de un camino de arena, a las afueras de un pequeño poblado, Oimchok, junto a unos matorrales, aparece un bulto blanco. Es una mujer adúltera cubierta por su burka. Tiene sólo 22 años. A la distancia que separa una orilla del camino polvoriento de la otra, una autoridad religiosa dicta la sentencia de la Sharia. Al lado de la mujer, de pie, con un rifle en las manos apuntándola, el que, según las agencias de noticias, es su marido. El lugar donde se ha colocado a la acusada está en el fondo de una pequeña colina que hace de anfiteatro. La colina invadida por gente que quiere presenciar la ejecución. Resulta difícil no recordar la narración bíblica de la mujer adultera.

Todavía se oye a la autoridad religiosa dictar sentencia cuando comienzan a sonar los disparos. Uno, dos… al tercero el bulto blanco se derrumba y queda inmóvil. Los disparos, sin embargo, continúan: cuatro, cinco… Se pueden contar hasta nueve. Pero hay que volver a ver el vídeo para prestar atención sólo a los disparos, porque la multitud que asiste al “espectáculo” grita jubilosa agitando sus manos. En un momento, el vídeo muestra la reacción de satisfacción de uno de los asistentes. ¡“Dios lo quiere”!, era, al parecer, el grito de los asistentes.

Ante los asesinatos de la isla de Utoya la población grita contra quien dispara, porque en la sociedad occidental se permiten, mejor, se respetan las decisiones que demuestran el cumplimiento de las tres necesidades básicas investigadas por Deci: competencia, autonomía y libertad de en la relaciones sociales.  En el espectáculo de de Oimchok, la población aclama al ejecutor de alguien que posiblemente (sólo muy posiblemente) había decidido comportarse de manera incipientemente autónoma. Breivik mata para defender las necesidades básicas.  En Afganistán, el marido mata porque la mujer se había tomado ciertas libertades básicas.

En definitiva: una misma consecuencia: la muerte de personas inocentes que quisieron ejercer su autonomía personal. Dos reacciones distintas: la de los que aplauden y la de los que satanizan. Unos lo consideran ejecutor de leyes divinas y otros lo llaman loco paranoide. A la base: un mismo mecanismo psicológico que facilita convertir en acción moral lo que es intrínsecamente inmoral.

-          ¿Y?...
-          ¡Ah!, ¿es que estás esperando que me decante por quien mata para que los otros no sigan matando la dignidad humana (Breivick), o por quien mata y desea imponer a los “gentiles” (o sea, a todos los demás, a nosotros) que se prohíba la autonomía, la competencia y el reconocimiento social?
-          Yo me decanto por no matar, bajo ninguna justificación o mecanismo ideológico…
-          Y porque la persona se sienta competente, autónoma y tenga reconocimiento social.  
-           Espero que estés conmigo, porque si no lo estás…
-          ¡Tranquilo, que no soy ni Breivik ¡