Translate

domingo, 28 de noviembre de 2010

PERFILES PSICOLÓGICOS

mimo masculino córdoba
mimo femenino salamanca























La discontinuidad, en la primera asociación mental,  se enfoca a los acontecimientos que truncan expectativas. Pero no necesariamente tiene que presentarse bajo una luz cenital, aplastante, o desde un ángulo picado. Con frecuencia  están envueltas en luz suave, envolvente, de clave alta, luminosa,  como la rosa de Ansel Adams arrojada sobre las marcadas vetas de la  humedecida  puerta de pino.
-          ¿Has visto el correo?,  me indica, en uno de los mensajes de Messenger, Mamen Herrero.
-          No, ¿por qué?
-          No, por nada. Jaume te ha mandado un documento adjunto. Te han hecho una crítica de once páginas en la Revista Española de Investigación Criminológica.
-          ¿Y…?
-          No, nada, léela y luego comentamos.
¿Verdad que el anuncio suena a amenaza? Esa, al menos, fue mi impresión.  Y supuso una discontinuidad en mi proyecto de trabajo.
 Cuando se recensiona un libro suele utilizarse el ritual de las defensas de tesis doctorales o, en las oposiciones,  del  trabajo “magistral”.
 Las situaciones son  univitelinas: el candidato ha dedicado años a un  tema monográfico y, en teoría, debería ser el que más supiera de él.  Durante su presentación se explaya siempre más allá de los límites que el Presidente del tribunal, con la finalidad de concluir cuanto antes ese trámite al que ha asistido tantas veces,  le indica.  El candidato finaliza la exposición agradeciendo a su director la ayuda "incondicional" (!) que le ha prestado y a los miembros de la comisión que le está juzgando la lectura de su trabajo. A su izquierda yace el volumen lujosamente encuadernado de su tesis  doctoral o magistral. Cada miembro  del tribunal  lo tiene también, con hojas dobladas o  posits anaranjados que marcan páginas sobre las que pedir explicaciones. 
Ha finalizado la exposición. Se hace un silencio que se alarga en exceso. El doctorando o el candidato tratan de llenarlo colocando sobre el atril desde el que ha presentado sus elaboradas diapositivas, unas hojas en blanco con su bolígrafo correspondiente. Espera las intervenciones mientras se alisa la chaqueta o el fruncido del vestido,  comprados para la  ceremonia, porque la apariencia física también cuenta.  Observa con una pizca de ansiedad la cantidad de papeles o marcas que cada miembros del tribunal muestra. Aquí la cantidad denota  calidad.
Por fin,  a invitación del Presidente, cada uno de los miembros de la Comisión  irá abriendo sus páginas marcadas y pedirá explicaciones al candidato. El  ritual académico, no escrito, exige que cada  uno inicie su intervención con una alabanza al esfuerzo, a la claridad de exposición, al modo de presentar el trabajo, a la casi exhaustiva bibliografía y al director de la tesis. Pero… inmediatamente aparecen los “comentarios”. Lo que el doctorando no sabe es que los miembros de la comisión que le  calificará también se examina frente a sus colegas con su modo de comentar, con  las observaciones o críticas que hace. Por lo que suelen emplear  más tiempo que el  propio candidato haciendo alarde de sus conocimientos, sus alternativas al modo de presentar el trabajo, la bibliografía que no aparece o lo adecuado de modos alternativos de analizar los mismos datos.  Algunos ejercen especialmente de oficiantes y se permiten calificar de buenos o malos el trabajo que están juzgando y el que han realizado otros de sus colegas. Algunos en realidad pontifican. En resumen, el ritual exige que  cada miembro del tribunal proponga SU trabajo de investigación que, con toda probabilidad, no emprenderá jamás y ,a buen seguro, tiene poco que ver con lo que eran las tesis del trabajo que está sentenciando.
En las recensiones de libros sucede algo parecido.  Se comienza con alabanzas y se finaliza con  las “observaciones” para mejorar o descalificar el trabajo.
Conociendo desde hace tiempo este ritual y ante las palabras de Mamen Herrero: No, nada, léela y luego comentamos,  me esperaba la obediencia al ritual. He de decir que, por otra parte, no hay nada más constructivo que una crítica bien intencionada. El conflicto sociocognitivo, he escrito alguna vez, siguiendo la teoría de la Escuela de Psicología Social de Ginebra, es la energía que se transforma en adelantos científicos.
Pero la verdad es que en esas once páginas no encontré más que una gran compresión del tema por parte de quien la hacía. Y uno agradece, dentro del mundo académico, que le digan: me gustaría finalizar estas líneas, reiterando mi más sincera felicitación a los autores de Autoeficacia y Delincuencia por el excelente trabajo desarrollado, dada la dificultad del mismo y por ser motivo de inspiración para todos los que de alaguna manera  nos dedicamos al estudio o a la enseñanza de una ciencia tan apasionante, a la par que compleja, como la Criminología.
-          ¿Y si yo ahora retomara el ritual de los actos académicos?
-          ¿Por qué no?
Cuando las anotaciones, que no críticas, se hacen con tan altas  miras científicas como nos las hace quien nos dedica once páginas, merecen el respeto sincero del contracomentario. Y lo voy a hacer en sucesivas entregas de este blog, de manera  cordial.
-          Sí, de manera cordial. No me tomes por cínico.
El comentario de hoy lo haré sobre los perfiles delictivos.  Tiene razón el reseñante al afirmar los delincuentes no siempre responden a un perfil  delictivo, ya que hay opiniones sólidas que defienden, por el contrario, la versatilidad de los delincuentes.
Por mi parte nada que objetar, sino todo lo contrario. A lo largo de las páginas de este blog he arremetido sin piedad contra quienes elaboran perfiles y rasgos de personalidad incluso del psicópata. Con la misma contundencia he embestido contra quienes, por las respuestas a unas preguntas de un test, por  el dibujo de una figura humana o de un árbol, por las respuestas a unas manchas de tinta, o por la observación de unas conductas en unas determinadas circunstancias se arrogan los poderes del creador y definen (confinan) a las personas  en los límites de una cárcel psicológica como lo son los rasgos de personalidad o los perfiles psicológicos.

-          - ¿Entonces?
Muy sencillo: los delincuentes y los no delincuentes (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), tenemos unas características que nos distinguen de los demás. Estas características las hemos ido construyendo en acomodo con las circunstancias vitales de cada cual. Pero al final, todos hemos acomodado las circunstancias a nuestras vidas tal como  hemos interpretado las situaciones, bastante repetitivas, por cierto.. Y ese modo de acomodo y comportamiento propio, idiosincrásico de cada uno, termina por apropiarse de uno mismo generando la concepción personal de nuestra personalidad.
Añado más, no puedo olvidar mi condición de psicólogo social. Como afirma Bandura al hablar del determinismo recíproco, cada una de las disciplinas de la psicología cultiva su propio punto de vista: los personólogos y los psicobiólogos las características estables, los psicólogos sociales la influencia de las circunstancias sobre la conducta. Pues bien, desde esta perspectiva personal psicosocial tengo que sostener, como lo afirmé en el primer capítulo del Manuala de Psicología Jurídica,   que es más fácil predecir la conducta conociendo las circunstancias en las que se ejecuta la conducta que  habiendo realizado el perfil psicobiológico de la personalidad del actor. Por eso todos los maltratadores se comportan de manera semejante, lo mismo que los pederastas.
-           Pero la pregunta es: ¿es que se puede ser maltratador de manera distinta?
-          No.
Y esto no supone un perfil del maltratador, sino un perfil del acto que se ejecuta. Y a eso es a  lo que nos referimos en el libro cuando decimos que la autoeficacia es la que explica que el delincuente ejecute la conducta, su modus operandi, de la misma o parecida manera. Pero no, no hay perfiles en el sentido que tradicionalmente se entienden en psicología. Gracias por recordarme uno de los principios que sustentan la teoría cognitivo social.
Continuará.

domingo, 31 de octubre de 2010

DISCONTUNUIDA

Desde la psicología social me parece que quien ha interpretado a la perfección lo que es y suponen los encuentros casuales ha sido Philip Zimbardo con su teoría de la discontinuidad. Pero para entender de qué se trate, explicaré cómo surgió esta idea tan brillante en el profesor de Stanford (conocido especialmente por su experimento sobre la cárcel, o sus estudios sobre la timidez). Lo cuento como me lo contaron (aunque el mismo Zimbardo dulcifica y estructura la narración en su artículo de 1999). Todo surgió por casualidad. Al finalizar una de sus clases multitudinarias de introducción a la Psicología, se le acercan unos alumnos y le hablan de que en el Colegio Mayor en el que viven, hay un compañero que lleva varios días sin comer, o vomita todo cuanto come. Está pálido, ojeroso, porque no logra conciliar el sueño. El sudor empapa su ropa permanentemente, se le nota agitado, rehúsa las compañías refugiándose en su habitación reaccionando de manera agresiva cuando se acercan a él tratando de ayudarle. ¿Qué puede hacerse? ¿Cómo podrían ayudarle?
La repuesta de Zimbardo se ajustó a protocolo establecido en la Universidad de Stanford para estos casos de desórdenes psicológicos:
-Que vaya al centro de asistencia que tiene la Universidad.
Los estudiantes le hicieron caso y lograron que el compañero visitara el centro de Orientación Universitaria: The Cornell Center. Allí le recibe un psicólogo clínico de orientación dinámica.  Uno puede imaginarse lo que debió pensar el psicólogo clínico para poder dar sentido a reacciones tan sintomáticas (freudianamente hablando), como los vómitos.  Zimbardo (1999, p. 390) nos libra de este trabajo interpretativo al escribir que el psicoanalista diagnosticó el conjunto de los síntomas como graves unificando todos ellos como manifestaciones de tendencias homosexuales rechazadas. Mi colega del en Centro de Salud de Stanford me confirmó que el caso de Gary era muy serio, que requería un tratamiento largo, más de lo que podía ofrecer el centro. Su diagnóstico unificaba los tres síntomas, aparentemente dispares, en torno a una homosexualidad reprimida que comenzaba a aparecer en el mundo consciente (brevemente, la impotencia se refería a su contacto con las mujeres, comer era una felación simbólica, y la aparición de la agresividad era debida al  miedo de ser descubierto (Zimbardo, 1999, pp. 390-91).Cualquiera que desee echarle un poco de imaginación a los tres síntomas que mostraba Gary encontraría una explicación con tanta coherencia como la de este terapeuta.
Tardaría tiempo, claro que sí, porque el paciente negaría la interpretación. Eso sucede siempre al comienzo de este tipo de terapias. Pasadas unas cuantas sesiones, terminaría aceptando las propuestas del “sabelotodo”. Losftus (la mejor investigadora de cómo implantar memorias falsas en los testigos) ha demostrado que ese tipo de intervenciones termina por implantar en los pacientes el convencimiento de que tuvieron una infancia terrible a la que no desean enfrentarse conscientemente. (Loftus, 1997, Creating false memories), lo que confirma también Zimbardo, en el mismo capítulo):   Parece que el testimonio de clientes/pacientes en casos del “síndrome de falsas memorias” pudiera ser entendido como cuestión de atribuir una variedad de discontinuidades personales a una supuesta recuperación de memorias reprimidas de abusos infantiles, sugeridas por terapeutas influyentes, trabajadores sociales o los medios de comunicación.  (Zimbardo, 1999, p. 414)).  Fuera de suposiciones, lo cierto es, como me contó Zimbardo, que la solución consistía en tres visitas semanales durante tres años de análisis ¡Había mucho que analizar!
Quizás los compañeros dieron por solucionado el problema. Pero se equivocaron. Ninguno de los síntomas de ansiedad desapareció en los días siguientes Al contrario, se agravaron de manera que comenzaron a temer por su vida física. ¡Era imposible vivir tanto tiempo en aquel alto grado de ansiedad!

Angustiados ahora los compañeros, vuelven a abordar a Zimbardo, quince días después, manifestándole claramente que temían por la vida de su compañero.
¿Qué hace uno en estos casos? Nada. Pero Zimbardo les dijo que, si el compañero quería hablar con él, que fuera a su despacho. Efectivamente Gary, que así se llamaba el estudiante, acudió al despacho de Zimbardo. Éste, rutinariamente, le pregunta qué es lo que siente. Hablan calmadamente sobre los síntomas y sentimientos de ansiedad. En un momento de la conversación, como de rutina, el profesor pregunta al alumno:
-          ¿Desde cuándo sientes esta ansiedad?
-          Desde principios de noviembre.
La mente veloz y creativa de Zimbardo se ilumina con una idea: justo después de las primeras notas del curso, después del primer examen parcial. El primer examen parcial universitario de aquel neófito en la Universidad de Stanford.
-          ¿Qué notas has sacado en los exámenes parciales?
-          Aprobados y algún notable. Responde con signos de decepción.

Zimbardo centra la conversación en las notas, en las que ha obtenido y en las que esperaba. Y descubre que a Gary, estaba acostumbrado a ser de los primeros de la clase en un Instituto rural. Era tan bueno que sus padres le llamaban “el perfecto Gary”. Pero el perfecto Gary, al llegar la hora de realizar sus sueños emprendiendo una brillante carrera en una de las universidades más prestigiosas del mundo, descubre que todo lo soñado se viene abajo en el primer examen.  No es de extrañar que cuando a uno se le venga abajo todo el futuro imaginado y deseado pierda las ganas de vivir. Porque una vida sin valer es una vida sin valor. Y una vida sin valor no merece la pena de ser alargada.
Tras escuchar las lamentaciones de Gary Zimbardo tiene preparada la explicación de tan desesperado estad o de ánimo.  Se la expone al novato que empapa de sudor el sofá negro de su despacho.   Philip, con el nerviosismo que le caracteriza busca un lapicero entre sus papeles (en la Universidad de Stanford existe una cultura del lapicero y una ausencia significativa de bolígrafos) y le dibuja la curva de Gauss a la vez que le explica:
Chaval, hasta ahora   has pensado que tu capacidad intelectual es muy alta, lo que es correcto. Pero hasta ahora te han comparado con la población general de estudiantes. Tu posición dentro de esta curva está en el 20% superior de la población. Lo mismo te ha sucedido cuando has realizado las pruebas estatales.  Pero ahora estás en la Universidad de Stanford, en la que solamente entran el 20% superior en inteligencia de toda esa población.  Ahora, aquí, en Stanford, los profesores te comparamos solamente con los mejores. Y sin que tu capacidad haya cambiado, manteniendo tu alta capacidad, no eres el primero de la clase.
Zimbardo, aceleradamente,  con voz jadeante y entrecortada, (porque las ideas le fluyen más rápidas que las palabras), le dibuja un trazo vertical  en la parte derecha de la curva de Gauss. Comparado con la población general, tu capacidad está aquí.  Precipitadamente le dibuja una nueva curva de Gauss, que se extiende ahora, solamente en la parte superior de la dibujada anteriormente. Tú sigues estando aquí, (le remarca la línea vertical), lo que sucede es que ahora hay otros mejores que tú. En comparación con los mejores, tus notas no son malas, más bien diría que normales. ¡Hay algunos que han suspendido y siguen siendo muy buenos en capacidad!
Además, chaval, le sigue argumentando el Profesor, olvídate de las notas. Procura sacar el título que deseas en la Universidad de Stanford. Cuando termines, nadie te preguntará por las notas. Es suficiente con decir que tienes el título por la esta universidad. Las puertas de tu porvenir se te han abierto con haber sido admitido en esta Universidad.
Lo que iba para tres años se quedó en una explicación de escasa media hora. Gary finalizó sus estudios en la universidad con un aceptable expediente académico.
Nada, pues es definitivo en lo que se llama "psicológico", pues puede cambiar en cualquier recodo del este camino que, con frase prestada de Machado, se hace al andar. 
Pero nada de creer que esto sucede  por arte de magia o inspiración. Es difícil cambiar los valores, núcleo duro de la existencia. Pero hoy se trataba de mostras cómo nada es permanente mientras se puedan tener experiencias, que es el vivir.

jueves, 30 de septiembre de 2010

ESPIRALES


Bandura  representa el determinismo recíproco en forma  de triángulo. En  uno de los ángulos está la persona, en el segundo el ambiente y en el último la conducta.  Para mostrar gráficamente que  se determinan mutuamente traza líneas de doble dirección.  En  su representación  puede verse cómo la persona influya sobre la conducta y el ambiente, la conducta sobre la persona y el ambiente y, finalmente, el ambiente puede modificar la persona y la conducta.
Marisa Salanova, Susana Llorens y Wilmar Schaufeli  acaban de publicar un artículo en el que hablan de espirales. La espiral  evoca dinamismo, ascendente o descendente. Cada  uno de sus puntos se halla en plano distinto del que lo precede o del que lo continúa. La espiral ascendente aumenta su radio  en cada giro y evoca fuerza, como en los huracanes,  en el fuego, en la violencia, en los negocios. La espiral descendente disminuye su radio paulatinamente llevando a profundidades soterradas, oscuras, húmedas; cada círculo descendente es un lazo escurridizo que, asediando el ánimo, termina por demolerlo, como los hebreos con  la ciudad de Jericó. La espiral ascendente no tiene límites en su progresivo crecimiento. La descendente termina en un solo punto en el que falta el aire para respirar, para seguir apenas existiendo.
En el estudio de los investigadores de la Universidad Jaume I, la  autoeficacia inicial de los profesores de secundaria (juzgarse capaces de afrontar las dificultades que pueda presentarle el desempeño de sus funciones docentes),   les promueve entusiasmo, satisfacción y bienestar personal. Tal estado de ánimo impulsa su entrega al desempeño de su profesión con entusiasmo, vigor y absorción: como niños para los que el tiempo es un instante eterno mientras hablan con sus personajes imaginarios o levantan construcciones efímeras. Dado que los investigadores hacen un estudio longitudinal, están facultados para descubrir cómo la autoeficacia, los sentimientos y el entusiasmo de hoy intervienen en las mismas variables medidas ocho meses después. Y así descubren la influencia recíproca en espiral.
Desde el punto de vista de la teoría cognitivo social, este estudio confirma las hipótesis del determinismo recíproco, pero, por lo que ahora interesa, hallan la influencia en espiral ascendente. Así muestran cómo su autoeficacia para desempeñar las tareas de su profesión docente ha crecido e influye sobre los afectos y el desempeño de las mismas tareas ocho meses después.
En adelante, el determinismo recíproco no debería exponerse como un sistema cerrado, circular y en el mismo plano. Tampoco debería representarse como un triángulo, que por definición es cerrado. En el futuro las exposiciones del determinismo recíproco deberían ser circulares y en espiral.

-Eugenio,  esta esta vez sí que estás en una clase de psicología social. Y no es eso lo que pretendías con este blog.
- Tienes razón, aunque no he terminado. Además, ya habrás entendido que no me gusta afirmar sin tener pruebas. De cuando en vez habrá que presentar las credenciales por la que uno se cree embajador de ideas y teorías. ¿Estás de acuerdo?

Leyendo los resultados de esta investigación recordaba la explicación que D. Luis Cortés hace del significado de la escalera plateresca que, en  el  edificio histórico de la Universidad de Salamanca, conduce desde el plano inferior, un poco excabado en tierra, hasta el piso noble donde se ubica la biblioteca de los manuescritos e incunables. 
En el arranque, a nivel de subsuelo, un aspirante a abrazar  la sabiduría, mano sobre la mirada, atisba su alto trono. El nivel en que que se halla es bajo, lo revela la gaita de palo y piel que  que origina la música con la que se acompaña. El primer tramo de escalera le muestra las tentaciones carnales que ha de superar si quiere alcazar tan alto grado espiritual. Con ánimo esforzado lo supera y accede a la encrucijada con el segundo tramo: tres caras le mirán fijamente a los ojos. La de la derecha le indica  el camino de ascenso, la de la izquierda le adula con los placeres inferiores, la del medio le demanda una decisión. Como la escalera continúa, parece  que el caminante ha elegido el esfuerzo  con el que se  asciende al mundo de la psicología: del pensamiento, de la mente. Este mundo puede ser perverso o excelso. En la parte inferior aparece una araña chupando el jugo de una flor, jugo con el que elborará su veneno. En el mismo paño,  en un plano inferior aparece, una vieja farsa de Aristeles montado por una mujer: la degradación del conocimiento. Al lado derecho de este excelente plano, se observa cómo, de la misma flor, una abeja liba la saludable miel. La abeja, ahora está acompañado de Aristóteles a lomos de mujer. La escalera tiene un paño final: el más elevado. Pero en el recodo de la transición, aparece de nuevo el símbolo de la toma de decisiónes: ¿quedarse o ascender? Al dobrar la esquina aparece  el placer de los sabios, placer noble de justas y fiestas de la nobleza. Y al final, con enmarque propio, la sabilduría: jover hermoso de corazón grande y genroso: el amor, grado sumo de la sabiduría según Platón. Está preso en una red. Si lo libera y se lo apropia, el caminante tembloroso que iniciaba su ascensión en el subsuelo, habrá conquistado la sabiduría y las trompetas de metal noble sustituirán a la gaita de piel de cabrito que tañía en las moradas  inferiores del alma.
No se asciende a la sabiduría volando, ni por resorte. No existe el “deus est maquina” de la tramoya clásica.  Se asciende paso a paso, peldaño a peldaño. No hay atajos en la escalera de la Universidad de Salamanca para llegara la plenitud de la sabiduría. Sólo un banco acodado en los rellanos. Sentado  se descansa y  se contempla, (como el fotógrafo), el tramo superado y los pendaños por escalar. Puede reflexionar, con reposo, los discurso de las tres caras. La ventana oval, con vidrios traslúcidos  aferrados a simples tirantes de hierro, sin  colorido que distraiga la meditación, inyecta luz  que favorece la reflexión interior de las dos propuestas de vida expuestas por el escultor.
La escalera de la Universidad de Salamanca, como las espirales del determiniso recíproco descubiertas por mis colegas, (como psicólogos sociales y como  socialcogitivos) enseñan la misma lección vital.
Me cuesta entender que las personas, cuando sus fuerzas les flaquean, hasta el punto de costarles mantener el aliento de vida, se acojan a la inacción. Menos aún he comprendido que los profesionales de la “psique” les habiliten para no hacer nada. Cuando no se hace nada, nada sucede. Cuando nada sucede, acontece que no hay mirada que no se dirija la propia inactividad, es decir, a la nada. Y  cuando la comparación es la nada, se desciende en la percepción de autoeficacia, se adentra uno en las regiones menos iluminadas del pensamiento, Cuando nada sucede, tiene lugar una espiral descendente, estrechante, afixiante. Cuando nada sucede se desciende al punto en el que uno no tiene más punto de vista que su no hacer nada. Cuando nada se hace, uno no vale nada. Y ese punto final del descenso a las tinieblas es tan fijo, tan único, tan omnipresente, que uno termina covencido de que realmente no vale nada. Y a los hechos repetidos en el tiempo se remite.
Todos, alguna vez, sufren la tentación de hacer nada. Lo normal es que no  se se escuhen esos cantos de siniestras sirenas que suscitan sombras. Se hace algo, quizás sólo porque se está obligado a hacerlo. La acción, como en la investigación de las espirales, atrae la atención, absorbe y produce efectos que demuestran la capacidad, la autoeficacia. Se ha entrado en espiral ascendente, porque la autoeficacia levanta el ánimo, el ánimo ayuda de nuevo a la dedicación, que a su vez produce mayor percepción de capacidad, que genera mayor estado de satisfacción, que origina autoeficacia mayor, que…
-          ¿Quieres poner freno a esta espiral?
-          ¡No! ¿por  qué?

No lo hagas, pero no quieras saltar de la negrura a la luz cegadora. Paso a paso, peldaño a peldaño irás vislumbrando que la ventana de la escalera-espiral de la autoeficacia extiende tu perspectiva.

¿Cuántas veces te has pensado: quién me hubiera dicho a mí hace unos años…?
Volveré algún día sobre el tema. Ahora sólo un apunte: en el determinismo recíproco, se puede iniciar la espiral ascendente por la conducta, por las creencias o por el ambiente. Pero la teoría cognitivo social te diría que comiences por la acción, por la conducta, porque está en tus manos, en tu voluntad. Tras la acción vendrán las convicciones, especialmente la de autoeficacia, que, como sabes, si has seguido este blog, es la fuente de todo lo bueno. No pidas nunca una baja por “depresión”, porque es el comienzo de una espiral descendente.

martes, 31 de agosto de 2010

CAPILLAS

GATO EN SAN PETERSBURGO
Doma de caballos de Piotr Klodt.



FLORES A LENÍN
Si puedes demostrarnos que hoy es tu santo, te regalamos el 40% de la compra. Hoy es San Max. Así sorprendía este verano a los visitantes una franquicia de Chocolat Factory.

¿Imaginas a la gente haciendo cola para aprovechar la oportunidad? Pues no te lo imagines. En la tienda no había más que una pareja con dos hijas pequeñas.

- ¿Vale también el cumpleaños?, pregunté.

- No, solamente el santo.

La pareja y sus dos hijas se extrañaron de mi pregunta. No se habían percatado de la oferta. Los comerciantes hacen reclamos para atraer clientela, pero albergan la esperanza de que no se cumplan las condiciones de su oferta. Los bancos y empresas no creyeron en el título mundial de “La Roja”.

Hoy se ignora cuál es el santo del día porque los nombres ya no son los que el cura, rebuscando
sarcásticamente en el martirologio, imponía al neófito. Nombres como Acindino, Restituto, Emilino. No me los estoy inventando. En mi internado tenía tres compañeros que atendían por ellos. Cuando nos reíamos, comentaban no ser los peores, pues el párroco había cristianizado a un feligrés de un tirón bajo el manto protector de los canonizados Aítelas, Apeles y Epipodio. Los nombres de hoy reproducen los de “santos actuales”, como el que se encontró una pediatra al hacer la afiliación del niño que iba a explorar: Kevinkostner Motos.

Hace años, el trascurrir de la vida en los pueblos del Reino de León (como en los demás, supongo), se regía por el tiempo meteorológico, las estaciones del año, las fiestas eclesiásticas y los  patrones del lugar. Hoy, en cambio, una sociedad más urbana, organiza su vida,  principalmente los tiempos de descanso, siguiendo el calendario laboral. Pero es más rutinaria que la de antaño: hay que alegrarse en Navidades, pensar en las escapadas del Pilar, la Almudena, el dos de mayo, San Isidro o la Asunción, para quienes viven en Madrid.. Se han convertido en necesidad. Incluso quienes tienen ya todo el tiempo para organizárselo a voluntad tienen una sensación de vacío si no abandonan sus rutinas algunos días en verano.

Buscando donde cumplir el mandato elegimos San Petersburgo.

¿Por qué? Racionalmente porque la vez anterior no nos la dejaron ver a nuestro antojo. Al elegir un viaje que otros organizan tienes asegurado que darás una vuelta por lo que todos los visitantes ven. Lo fundamental. El viaje organizado garantiza que hablarás el mismo lenguaje de otros que allí estuvieron. Torres altas doradas, columnas monolíticas que se asientan por su propio peso y, sin duda, el Hermitage: montones de pintura ubicadas desordenadamente, obras maestras inasibles a la mirada por estar sobre el dintel de una puerta de tres metros de alto. Todo es grande, muy grande en la Ciudad de Pedro Primero y sus sucesores.

En una visita en la que has entregado tu libre albedrío al del guía que te ha tocado en suerte, trotas de iglesia en iglesia porque hay que verlas todas y en San Petersburgo hay muchas que ver. Y tras las iglesias, los palacios, tantos como iglesias en San Petersburgo. Luego tumbas, estatuas, cuadros, leyendas, dichos. Como en todas las ciudades del mundo. Sólo que en San Petersburgo a lo bestia. Todo es tan grande como los dos metros y cuatro centímetros que medía su gran mecenas, el Zar Pedro Primero el Grande.

- ¿No te has dado cuenta de que estoy hablando de memoria?

Todo esto ya lo había visto la primera vez en que entregué mi mindfulness a una guía rusa de habla cubana donde había estado becada por el régimen comunista. Si hubiera querido completar aquella visión sesgada, mejor haberme sumergido en Internet. Como en la retrasmisión de los acontecimientos deportivos, la mejor manera de seguirlos de cerca es viéndolos el la tele (lejos). Quien retrasmite tienen el acomodo que tú nunca podrás alcanzar.

Pero te privas del comentario del que está a tu lado, del atuendo multicolor del hincha, del olor agrio a multitud, de sus gritos o cánticos tan rituales como los movimientos con los que los acompañan. Lo que sucede en el estadio no lo transmite la imagen distante y helada adosada al frío cristal del televisor. En la presencia física hueles la multitud, respiras el jadeo del fanático, palpas la red en la que se anida el balón y te duele el golpe del que se estrella o pasa lamiendo la madera. Las visitas guiadas te impiden también vibrar con la gente que habita las ciudades.

En las obligas vacaciones de este verano queríamos vivir San Petersburgo. No visitamos iglesias, ni palacios, ni buscamos guía. Con la única ayuda del mapa de bolsillo ofrecido en el hotel y nuestros pies para caminar, pararnos en aquello que nos llamara la atención desde el punto de vista humano.

En estos paseos sin mayor programación, suelo buscar pequeños o grandes detalles que muestren el regazo de la gente que habita las ciudades. Me atraen sus manifestaciones de superación y los pequeños nichos, capillas ocultas, que alguien se molestó en levantar en el algún rincón poco frecuentado de la ciudad y que siguen visitando para dejar sus rezos. Todas las ciudades tienen capillas que no te enseñan las guías. Los lugareños se admiran cuando, como extranjero, te interesas hasta estudiar ángulos y planos desde los que conseguir la mejor fotografía. Mientras enfocas, te miran, se paran facilitándote la labor. Agradecen que quieras comprenderles.

Entre todas las imágenes de San Petersburgo para simbolizar la autoeficacia, me quedaría con la doma de caballos de Piotr Klodt.

- Demasiado obvio ¿verdad?.

- Tanto que me los enseñó la guía cubana.

- Pero, bueno, es cierto que sería una bonita imagen/metáfora de la autoeficacia.

Como capillas que no aparecen en las guías de turismo, te presentaría tres, aunque sólo tengo imágenes de dos. La primera la encontré en un rincón y a la altura solamente alcanzable con el zoom del teleobjetivo. Es una repisa para un gato. Tiene toda la apariencia de una capilla dedicada a un santo. No sé qué significa. Nada indicaba que encarnara algo especial. Pero alguien se había tomado la molestia de hacer fraguar con detalle la pletina que sostienen la diminuta plataforma sobre la que se asienta un gato con mirada penetrante. Si te quedas mirándol te hipnotiza.

La segunda capilla está en una de las calles principales, pero tampoco aparece en las guías turísticas, ni te la enseña nadie. Ninguna de las muchas personas que pasaban por aquel pasadizo subterráneo de la Avenida Nevskii, punto neurálgico de la ciudad antigua, desaceleraba su paso para dedicarle una atención. Atrajo mi atención un ramo de flores frescas pegadas a la pared con cinta adhesiva.

- ¡Esta sí que es una capilla de verdad, y no las que te inventas! , me dije. Levanté la mirada para descubrir al “santo”

El santo era Lenin, como puede leer quien aplique a la leyenda el alfabeto griego que aprendíamos en el bachillerato. Entiendo que la última palabra es “biblioteca”.

- ¡Que es natural que Lenin tenga su capilla en la ciudad en la que generó sus ideas revolucionarias!

- Claro

- ¡Que es natural que Lenin tenga una capilla en la ciudad que llevó su nombre durante décadas!

- Claro.

- ¡Que Lenin es n ejemplo de autoeficacia!

- Claro! Por hacer efectivas sus ideas sufrió persecución y destierro. ¡Qué importa que no comulgues con susideas!

Lo que sigue atrayendo mi atención es que no tenga un monumento como sus odiados zares. Lo que sigue aguijonando mi cabeza es la idea de saber que alguien sigue tomándose la molestia de colocarle flores frescas. Alguien le revive en su memoria, le quiere, le añora y devotamente le pega torpemente unas flores frescas a una pared lisa bajo su busto en altorrelieve. Un íntimo acto de ternura 86 años después de su muerte.
-¿Te imaginas lo que puede "rezarle" en todo el trayectomental desde el momento en que decide comprarlelas flores hasta que consigue que queden adheridas a la pared?. Esos son rezos de verdad.

Me queda la tercera imagen. Pero no te la puedo mostrar. Bien a mi pesar. Dolor que me impide olvidar a aquella viejecita, contrahecha, tocada con un gorro multicolor de ganchillo. En un imperdible gigante bajo el brazo enhebrados muchos más de muchos más colores. En su mano extendida mostraba, ofrecía otro a los viandantes que tuvieran la compasión de comprárselo. ¡No me veía yo con un gorro de tantos colores! Al día siguiente, transcurrida la noche, allí continuaba, estatua viva, mino de sí misma, buscando dignamente la manera de sobrevivir. Me duele la ausencia de aquella imagen en mi colección de fotos para mostrar la autoeficacia.




lunes, 26 de julio de 2010

EL COLECCIONISTA


Los encuentros casuales gozan de privilegios en este blog porque expresan la esencia de la teoría sociocognitiva: nada está acabado, definido o confinado mientras dure el mínimo resuello. Por mal que vayan las cosas, tienen remedio; por bien que vayan las cosas, deben cultivarse y acrecentarse para el bienestar y crecimiento personal.

Bandura se queja de la poca atención que prestan los investigadores a los encuentros causales. No entiendo por qué se extraña: parece contradictorio programar y controlar la casualidad. Aunque…

-No, no voy a exponer un posible diseño experimental.

Los encuentros casuales se prueban contándolos. Es lo que hace Bandura cuando enfoca el tema: hechos de las historia, de su propia vida y de las personas que le rodean.

El entorno ofrece las mismas posibilidades a todos los que lo habitan, pero solamente unos perciben sus envites y, entre ellos, sólo unos cuantos los adueñan. En este campo hay muchos procrastinantes.

La conducta del coleccionista me parece ejemplar como metodología para el aprovechamiento de las oportunidades que presentan las circunstancias.

Lo que queda más obscuro es el porqué de lo que se colecciona. Uno se extraña al saber que algunas personas coleccionan hasta corchos de botellas, botones de ropa, distintas cabezas de alfileres u orinales, traspasando los límites tradicionales de las vitolas de puros, cajas de cerillas, bolígrafos de propaganda, muñecas, cromos de futbolistas o soldaditos de plomo. Uno por uno, cada corcho de botella no merece más atención que la de saber en qué contenedor ha de depositarse para no contaminar. Un buen día, por pura casualidad, el coleccionista entiende que sería interesante juntar los escudos que los embotelladores graban en ellos. Al fin de cuentas ¿qué diferencia existe entre las vitolas de los puros y los escudos o hierros que cada viticultor graba en los tapones de sus botellas? Todo consiste en que haya otros que también coleccionen corchos de botellas de vino. Cuando varios buscan el mismo bien, éste adquiere o aumenta su valor. Aunque es suficiente con que alguien tenga una colección insólita. Algún día, en algún lugar alguno de ellos valdrá lo que ahora no se sospecha. ¿Qué puede valer el tapón de las botellas de champan del siglo XVIII que acaban de ser descubiertas en las profundidades del Báltico?

Lo importante del coleccionista es que ha tenido la visión y ha tomado la decisión de comenzar con aquel tapón que el camarero acaba de darle a examinar. Se lo mete en el bolsillo y le busca un lugar en su vivienda.

- Este será el primero.

A partir de ese instante, su percepción de la botella de vino ha cambiado. El mundo de la restauración también. Pues no terminará distinguiendo sólo los tapones de la misma bodega, el significado de que tengan grabado el año en la parte superior como exponente de una gran añada o que no lo tenga. Comenzará a distinguir unas bodegas de otras, la fecha en la que cambiaron los troqueles, la que corresponde a la primera embotellada con denominación de origen. Diferenciará las condiciones en que se hallaba el vino cuando se descorchó. Del vino pasará a los maridajes gastronómicos. En su aspiración por tener la mejor colección de corchos, creará una hoja Excel con diseños, años, denominaciones, bodegueros y enólogos. Con su hoja Excel en su retina (y en su cartera), examinará cada tapón que se le cruce. Un día cuando alguien, que ignora su coleccionismo, le vea suplicar por el tapón que el camarero acaba de tirar al cubo de la basura, le diagnosticará un síndrome de Diógenes. Pero es que aquel tapón no consta en su hoja de datos. ¡Si el camarero supiera que estaría dispuesto a darle una buena cantidad de dinero por él!

Al cabo de no muchos años, incrementando uno a uno los corchos que busca o que le regalan, la colección será única y su valor incalculable. También asombrarán sus conocimientos sobre corchos y vinos. La ocurrencia de un momento puesta en práctica sin demora y con constancia ha terminado por convertirse en una característica personal, idiosincrásica. A esto se llama añadir valor a las cosas.

El coleccionista es el ejemplo de aprovechamiento de los encuentros casuales. Será casi imposible no advertir la presencia de un objeto de su colección allá por donde vaya. Será imposible que deje pasar una sola de las oportunidades de los encuentros casuales que le permitan aumentar su colección.

Si miramos atrás, la memoria recordará ideas que se ocurrieron como interesantes, pero que se ahuyentaron con un ¡“menudo follón “! El tiempo dio la razón a quienes tuvieron la misma idea, se la apropiaron, se pusieron manos la obra y triunfaron. Hoy pensamos que esa idea pudo ser nuestra. Pero no ¡es de otros!

Para salir al encuentro de las casualidades enriquecedoras Bandura propone alterar los hábitos personales, relacionarse con gente distinta a la habitual, visitar nuevos ambientes. Permaneciendo sentados en el sillón de casa, realizando las mismas rutinas, es difícil darse de bruces con las casualidades. La rutina lleva a la rutina y pone diques a los encuentros casuales.

Hace pocos días hablaba con alguien que, habiendo cambiado su lugar de residencia, se quejaba de soledad y aburrimiento. Pero, desde su mudanza, apenas había salido del perímetro de su vivienda. Por casualidad, un día, habiendo salido a comer a un restaurante, en el vaso del helado que alguien pidió de postre estaba grabada una frase de Einstein, que rezaba, más o menos “Si quieres que tu vida cambie no hagas todos los días las mismas cosas”. Para mí fue un encuentro casual en el que hallar un remedio a su soledad. Para la persona amiga: “¡Esto no es tan fácil! Todo el mundo tiene su vida hecha ya!

A la mañana siguiente cogí el vaso con la frase de Einstein

-Si quieres salir de tu soledad, tienes que tener esta frase como eslogan. Pero las comunicaciones interpersonales han cambiado de pautas. Hoy la gente comienza a tener contactos, también, mediante las nuevas tecnologías.

- Sí, pero es que yo…

- Ven conmigo, le dije, voy a abrirte una cuenta en Facebook y enseñarte cómo funciona.

A día de hoy, estoy convencido, no ha abierto el ordenador y menos su cuenta de de Facebook. No ha cambiado sus hábitos y la soledad le oxidará su espíritu un poco más cada pesado amanecer.

Las ideas, las relaciones, los proyectos que se persiguen día a día terminan por convertirse en montañas de logros personales.

- ¡No y mil veces no! No hay que estar en tensión cada momento. Como el coleccionista de corchos que convierte cada descorche en oportunidad para aumentar el valor de su colección y disfrutar del hallazgo, sin tensiones, sin ansiedades, sin estrés, quien persigue una idea tiene el placer de ver acrecentado su valor persona cada vez que avanza una sola micra en la dirección propuesta.

Nunca he entendido a quienes, habiendo tomado una decisión, tardan más de un segundo en poner los medios para ejecutarla.

martes, 29 de junio de 2010

LAS PESONAS CON ALZHEIMER NO SON NIÑOS DEFICIENTES MENTALES

A finales de los sesenta y durante el primer lustro de los 70 comienza a tomarse en serio la gravedad y la abundancia de los abusos físicos y sexuales infantiles. Los mejores estudiosos del tema atribuyen este logro a los movimientos feministas. Madres e hijos suelen ir en el mismo paquete. Con anterioridad, los abusos eran considerados excepcionales y atribuidos a demencia del perpetrador. Algún mal (o bien) intencionado mantiene que Freud se inventó la teoría de la sexualidad infantil para acallar su conciencia al no denunciar los frecuentes casos de pederastia confesados en su consulta. Ensordeciendo su conciencia, silenció a posibles acusadores. O, dicho más rimbombantemente, dio argumentos a la estricta moral victoriana de su tiempo.

Como en los demás procesos penales, las acusaciones han de probarse. Y el testimonio infantil no era admitido como prueba en los procesos judiciales. En Las Partidas, escribió Alfonso X el Sabio: Testiguar no pueden en los Testamentos… nin los que fueren menores de catorce años…”. Tales palabras de siglos se perpetuaron por los siglos en los ordenamientos procesales. La espeluznante historia de las Brujas de Salem se había alojado en la conciencia colectiva. En las Facultades de Derecho se perpetuaba la experiencia del belga Varendock, quien, en los años veinte, con preguntas sugerentes, logró que toda una clase de niños confesase haber visto lo que nunca sucedió.

Ante el dilema de la  evidencia de los abusos infantiles y la dificultad para autorizarles credibilidad procesal, el Gobierno de los Estados Unidos, en 1974, encarga a un hospital que paute los interrogatorios sexuales de menores. Los sesudos pediatras se dejaron guiar por los SUPUESTOS de la psicología dinámica y sus tests proyectivos. Admitido el SUPUESTO, la conclusión fue una aparición lógica: se puede dar credibilidad a los abusos sexuales infantilices utilizando muñecas anatómicas. Desde entonces hasta la actualidad, el uso de las dichosas muñecas anatómicamente correctas se instaló en los informes periciales de los psicólogos forenses. La evidencia científica, en cambio, no les ha otorgado su certificado, a pesar de la multitud de estudios publicados sobre el tema.

Ya he mencionado en ene este blog el proyecto de intervención en enfermos de Alzheimer en el que participo con Ana Ullán, Carmen Herrero, Juan Delgado, e Isabel Serrano de la Facultad de Psicología de Salamanca, así como con Manuel Belver y otros profesionales de la imagen y la asistencia sanitaria. El proyecto lo han denominado “ARS”, persiguiendo la hipótesis de curar mediante la actividad artística.

Hace unos días asistí en el Centro Nacional de Referencia para el tratamiento e investigación de esta enfermedad, ubicado en la ciudad de Salamanca, a un taller en el que Carmen Moreno, Adjunto de Fotografía en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, expuso la técnica de la cianotipia, de la que es especialista. La cianotipia permite crean imágenes utilizando componentes químicos y la luz del sol. Nada de cámaras u otros artificios ópticos. La exposición fue clara y práctica: establecimientos donde adquirir los componentes, su mezcla, impregnación de las cartulinas con la emulsión, la impresión de imágenes y su revelado. Un ejemplo son las fotografías que presiden este tema, realizadas por los enfermos del centro de Salamanca.

Con motivo de esta visita al Centro de Alzheimer de Salamanca, Elena Ingelmo, coordinadora de los proyectos de intervención e investigación, nos mostró los  sistemas de estimulación sensorial. Técnicamente me parecieron de una gran sofistiquez: pantallas que mutan su color al hablarles, sombras y formas proyectadas reptando lentamente por techos y paredes, acompañadas de los caprichosos reflejos porcedentes de una gran bola, mosaico de cristales,( propia de las discotecas), columnas burbujeantes que mudan forma y color al ser tocadas con la mano. Interesante la foca mascota que entiende y retiene el tono de voz, las caricias y las órdenes, simulando los gestos y sonidos de una bebé en brazos.

Ellos son los expertos. Yo no sé nada de Alzheimer ni he tenido la desgracia de observar la enfermedad en personas cercanas. Pero tampoco podía evadirme del juicio profesional que todo aquello me merecía, ni olvidar las imágenes que aparecen en los reportajes de medios de comunicación sobre esta enfermedad que despoja la identidad. En tales reportajes aparecen enfermos pasando formas geométricas de un lado a otro de un sinuoso laberinto metálico que se adquiere en las tiendas de juguetes infantiles.
Las explicaciones que justificaban el porqué de cada uno de aquellos sofisticados o infantiles artilugios me dejaban ecos de reflexión, indefinida sensación de inacabado. No hallaba la expresión que la identificara. Algo faltaba en todo aquello por lo que no terminaba de convencerme plenamente.

- Eugenio, me decía, ellos son los expertos. Tú no. Ellos están en contacto con los estudios más recientes, con los centros del mundo más avanzado. Acéptalo, te lo están diciendo.

La visita finaliza mostrándonos uno de los módulos donde se alojan los enfermos. Era ya la hora de la siesta y nos piden sigilo. En el centro del módulo un patio.

- Ven mira, me dice Elena, la coordinadora de los programas. Me muestra una parrilla rectangular colocada sobre una bandeja de aluminio.

- ¿Qué es esto?

- Un jardín flotante.

- ¿Para qué?

- Quiero que cada interno tenga una planta que cuidar.

Se me agolparon las investigaciones de Langer sobe la necesidad de controlar el mundo que nos rodea.

- ¿Por qué esto?

- Porque sería bueno que cada enfermo tuviera su propia planta.

- Ya .Cuándo vuelva a mi despacho te mando un artículo que te dará seguridad.

Aquella sensación de malestar que me había acompañado durante la visita desapareció: EL PROBLEMA ANIDABA EN LOS SUSPUESTOS que arrodrigaban los laberintos, los sonidos, los tactos, la mascota, las formas cambiantes... Y LOS SUPUESTO ERAN: que los enfermos de Alzheimer son asemejados a niños deficientes que necesitan estimulación precoz. Y, además, en estratos inferiores podía localizarse una añosa capa psicológica: la de los factores primarios de la inteligencia: razonamiento abstracto, espacial, matemático, verbal, etc.
- Sí, esos tests que nos pasan los psicólogos para medir el Cociente Intelectual (CI).

Todo el tratamiento me pareció entonces, y me parece ahora,  que se sustenta en estos dos pilares: NIÑOS CON NECESIDAD DE ESTIMULACIÓN PRECOZ PARA DESARROLLARSE Y FACTORES AISLADOS DE LA INTELIGENCIA QUEHAY QUE RECUPERAR.

¡Cuántas veces había oído la palabra recuperar aquella mañana! ¡Todo era para recuperar las facultades perdidas! Todo, menos la experiencia de las plantas en la que tenían que cuidar el futuro de una vida vegetal de la que se les responsabilizaba. Todo menos la experiencia del taller de cianotipia de la mañana, en el que había que crear  imágenes propias. No se trataba de repetir una y otra vez ejercicios que no dejan rastro. La planta se mantiene viva, crece, florece y muere. Las imágenes son distintas e inmediatas en cada instante y también atrapan el tiempo, dejan la huella de quien las ha creado. Tuve entonces la intuición de que el taller de la cianotipia no partía de los supuestos de la infancia necesitada de estímulos precoces, sino del punto de llegada en el que se encontraban los enfermos y desde el que se pretendía lanzarlos a un futuro.

- Eugenio, ¿un futuro para quien no tiene memoria?

- Sí, un futuro para quien ha llegado a un punto en el que le queda todavía por delante un camino. No se trata de recuperar el pasado (la memoria), se trata de presentarles tareas a realizar y cuyos resultados sean observables, palpables, comunicables, compartibles.
Yo no soy experto en Alzheimer. Quiero recalcarlo. Pero, desde los supuestos de la psicología sociocognitiva, opino que los enfermos de Alzheimer no deben ser tratados como SUPUESTOS NIÑOS deficientes. No sé cómo, pero intuyo (¡) que deben explorarse nuevos caminos a partir de nuevos supuestos psicológicos.

Lo mismo que las muñecas anatómicamente correctas fueron fácilmente aceptadas bajo los SUPUESTOS de la psicología dinámica y los tests proyectivos, los enfermos de Alzheimer reciben tratamientos bajo los SUPUESOS de ser identificados con niños deficientes de los factores primarios de la inteligencia.

Los ocupas sociales psicológicos identifican a los ancianos con los niños. Aceptados los supuestos no debe extrañar que se les niegue la capacidad de decidir y comportarse con la responsabilidad y la madurez que poseen.
 En el desarrollo de la experiencia de la cianotipia ya han aparecido signos de inseguridad, de incapacidad. Signos de ineficacia percibida. Signos de necesidad de que su trabajo sea aceptado, no ya por sus hijos, sino por sus nietos. Pero, con seguridad, estas experiencias merecen todo un tema en este blog.