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sábado, 26 de septiembre de 2009

FOTOGRAFÍA TERAPÉURICA















Este debe leerse como cotiuación del de agosto.


El estudio sobre la felicidad de los centenarios mostraba, también, la aportación matizada de otras variables a su autoeficacia y felicidad. Específicamente: los cuidados de la familia son importantes para la salud corporal; las visitas que hacen o reciben de no familiares, elevan su autoestima. La bifurcación de la influencia de familiares y no consanguíneos me llamó la atención. desde entonces mucho tiempo para procesar una idea descolgada. En el transcurrir de septiembre, la idea del valor diferente de quienes frecuentan o son frecuentados por los muy viejos ha aparecido con persistente intermitencia. Sin avisar, mientras leía sobre otros temas, aparecía como luz de alarma, para avisarme de que esos resultados que estba leyendo no le eran ajenos.
Una idea queda apeada, esperando el próximo transporte, mantiene la mente en ese momento mágico del atardecer, cuando el resplandor del sol todavía ilumina el paisaje, pero sin la suficiente intensidad que impida el encendido paulatino de las luces de neón o de gas. Ninguna de las fuentes luminosas domina a la otra y la suma de ambas crea apacibilidad, recogimiento. Espectáculo en abstracción. La mirada atiende, a veces, a los ríos de luz estáticos, que fluyen visualmente recorriendo, de tramo en tramo, las grandes avenidas; a veces, a los faros de los vehículos que reptan de continuo por la retina, un cosquilleo de caricia, festivo, chisporroteante y sonoro como la tira de mixtos restregada contra la rugosidad del granito. Sin intentarlo, sin estruendo pues, enfocamos la mirada sobre luz amarillenta, verde, teja, azul o blanca de las superficies sobre las que rebota elresto de luz solar. En todos los casos luz cálida, envolvente. Momento de fusión entre lo natural y lo elaborado.
La aportación de entrambas luces al paisaje no restalla. Sólo tiene el pecado de ser efímera, contrarrestada por la esperanza de su reaparición. Pasado el instante, las luces artificiales batallan por la conquista de la oscuridad. Al final la noche es un reino de taifas en el que deslumbran focos estáticos o transeúntes. Al observarlos, finamente se descubre el hilo de Ariadna que, tejiendo constelaciones, permite interpretar el laberinto de las antorchas encendidas.
En la mente, cada idea es una antorcha. Parecen desperdigadas, erráticas, meteoritos vagabundos, solitarios. En un momento aparece en el espacio mental una ráfaga pirotécnica que, soldando lo puntos dispersos, construye una palmera gigante. Un instante, una conjunción de lo disperso: la comprensión. Y aquella idea retrasada se ha erigido en la base donde engarzan y tachonan otras para formar una constelación: la trama del sentido o significado.
La idea aplazada, en nuestro caso: las visitas de los demás genera autoestima porque son una fuente creíble para auto valorarse, cualidad ausente en familiares que siempre ensalzarán o menguan (¡quién sabe!). Y al punto se entiende que este fue el primer experimento de la teoría de la atribución, en el que se ponía en duda la generosidad del súbdito que hace favores su jefe. También se engarzan la fuerza de todas las investigaciones sobre el poder de influencia que tiene el feedback informativo tras una ejecución laboral o académica. Resulta, también, que los parados y los jubilados pasan por el mismo proceso de incredulidad sobre el valer personal, porque se les ha privado de referencias con las que contrastar su valor. Una nueva idea se ensarta en el hilo del discurrir aportando la sugerencia enriquecedora de la comparación y visualización de los resultados de las acciones propias, lo que es fuente (la más importante) para juzgarnos o creernos auto eficaces. Resulta, también, que la autoeficacia es control de la vida personal. Y, siguiendo con esta espiral de combinaciones y deducciones, uno se sumerge en las investigaciones que han demostrado el esfuerzo que hacemos por defender nuestra independencia o recobrarla: reactancia psicológica para recuperar la libertad que sentimos amenazada, el imperativo de oponerse al chantaje del refuerzo externo devaluación lo que creemos haber ejecutado bajo soborno psicológico...


¡ Com para que las adminitraciones locales sigan construyendo vergeles en la periferis de la ciudades para que descansen tranquilos quenes ayudaron con su esfuerzo a que el municipio tuviera su identida.
- Eugenio, que tu relacionar te pierden.
- Nunca lo he considerado un defecto personal. Al contrario. ¿Qué es entender algo más que relacionar unos conocimientos con otros? Qué es entender más que aplicar los conocimientos a la realidad cotidiana? Algunas veces, formando parte de algún tribunal de oposiciones o de trabajos científicos, mantengo los ojos cerrados. ¡Buena señal! Las nuevas ideas me están transportando a nuevas deducciones o se me están abriendo nuevos viajes al interior de las hipótesis.
- ¿En resumen?, Eugenio.
- Esta debe ser otra virtud del científico. En resumen: las relaciones de los centenarios con personas no familiares aumenta su percepción de valer y de control de sus vidas, bien porque sus alabanzas sean creíbles o porque les sirven de comparación social, siempre ventajosa, como decía Heckhausen.
Cuando parece que tu mente está en reposo tras el no pequeño efuarzo de descubrir redes intelectuales que validan la misma conclusión (valided convergente, se llama), un nuevo fogonazo te ilumina e induce (o abduce) a seguir la nueva luz que titila en el horizonte.
- “Mira que interesante”, rezaba un correo electrónico que Ana Ullán me enviaba hace tan solo unos días. En correo traía adosado un artículo de Frith y Harcourt titulado: Using photographs to campture women’s experiences of chemotherapy: reflecting on the method. Una nueva experiencia, una nueva metodología, para descubrir los estados de ánimo por los que pasan mujeres diagnosticadas de cáncer de mama. Como metodología consiste en entregarles una cámara fotográfica desechable que contiene 27 disparos. Son libres de hacerlos cuando lo consideren oportuno para reflejar su estado de ánimo y los pensamientos que pasan por su mente referidos a los efectos de la quimioterapia. )La caída del pelo es el cambio más llamativo y preocupante). Reciben las cámaras al comienzo del tratamiento y han de devolverlas, por correo, al finalizarlo. Luego, con las imágenes delante, se hacen las entrevistas personales. Dado que la finalidad del artículo es metodológica, los autores concluyen, principalmente, que, con las fotografías delante, las mujeres aportan más información que en las entrevistas tradicionales y rutinarias.
- ¿La verdad? La lectura del título era tan interesante que llegué a mis propias conclusiones antes de comenzar su letura. Durante el repaso de las diez páginas de exposición, sin embargo, mi decepción fue in crescendo.
Esperaba que la fotografía les hubiera ayudado a sobrellevar su enfermedad, y de eso no encontraba nada. Mucha transcripción de grabaciones. Y ¿todo esto par qué? Me preguntaba. Habiendo extraído ya mis conclusiones, llegué a las de los autores. A punto de abandonar la lectura advierto que las conclusiones de los autores ocupan apenas una página. Ya de puestos. Leí las de los autores. Al final de la última columna, casi como apéndice, afirman: They can retain control over when, how, and how often they engage with the research; and they can control what images of themselves and their experiences are generates.
Toda la teoría de la autoeficacia se puso en pie. El libro de Bandura se titula “Self-efficacy. The exercise of control”. Aunque los autores no lo intentaran, me acababan de recordar que, tener el control de algo, es fuente de autoeficacia y que la autoeficacia genera la sensación de control. Y que sentirse auto eficaz sobre el entorno que interesa, genera sensación de valer y de dignidad personal. La hipótesis que el título había despertado en mi suponía que el hecho de tener que realizar un encargo sacaría a las mujeres, al menos por momentos, de los pensamientos de indefensión y menosprecio. Los atores acababan de mostrarme que, además, las cámaras les otorgaron la percepción de control: algo dependía de ellas y sólo ellas eran capaces de llevarlo a término.
Recompongamos el mundo de estas personas, nada diferente de lo que las personas ajenas aportaban a los centenarios. La situación anímica puede ser la misma, según Heckhausen. En las palabras de un diagnóstico que duran una milésima de segundo: “tienes cáncer”, el mundo se desvanece. Se acabó el presente y el futuro. Un día, a punto de iniciar la quimioterapia, alguien les entgrega una cámara de fotos con la que han de disparar 27 de diferentes momentos de su vida. Tienen que pensar cuándo, cómo, y qué. Decisones exclusivamene personales. Tienen control. Y, adquirido algo de control, se ha fundamentado el siguiente que, con el próximo, forman la zapata sobre la que levantarán el nuevo edifico de su vida.
¿No hemos experimentado la sensación de enseñoramiento y poderío cuando instalamos un programa de ordenador y funciona? Recuerdo los tiempos en que se programaba en Basic. Al cabo de horas de if, and, or, go to, loops “y retornos”, introducías los datos y si la pantalla mostraba los resultados, se percibía la sensación de hacedor, de agente, de causante. Esto animaba a nuevos desafíos, que superados y superados, se terminó por perder la ansiedad a verse perdido en el mundo de la informática.
Generar sensación de dominio sobre lo que nos rodea, aunque el dominio parezca insignificante, es el mejor regalo de la vida.
Para penetrar en la influencia del control en el estado saludable, habría que recordar también las excelentes investigaciones de Elen Langer. Pero eso, para octubre. Son muchas las conexiones que se me han puesto en pie a partir de la idea, aparentemente ingenua y secundaria de la influencia de los no familiares en la autoestima y autoeficacia de las personas centenarias.

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