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lunes, 19 de enero de 2009

LA OLA :YA SOMOS CREÍBLES


Hace ya unos días que vi la película LA OLA. Llegó acompañada de comentarios en los medios de comunicación. Entre ellos, que se basaba en un experimento realizado en la Universidad de Palo Alto.

Es el experimento de la cárcel de Stanford, pensé. Con esta expectativa me introduje en la sala de proyección. Era pequeña, apenas alumbrada por las luces de emergencia atenuadas por el acolchado obscuro de las paredes. Legué un poco pronto. Estábamos solos. Al rato llegaron sucesivamente tres parejas de jóvenes, que se colocaron en la parte superior y trasera de la escalera de butacas. Asientos algo mugrientos. Los respaldos delanteros arañados por las suelas de quienes se arrellanaron viviendo historias de amor, muerte, espionaje o formaron parte de jurados populares. Pasado un tiempo, la pantalla emite voluminosas cantidades de color y sonido. Han sustituído el NODO de nuestra juventud por este NODO no menos adoctrinante, susurré a quien me acompañaba. Se susurra un secreto, una vergüenza, como si me sintiera culpable de haber ido al cine en tiempo del NODO. Mi acompañante no me oyó. Elevé el tono de mi voz. Nadie, excepto mi acompañante, puedo oírme. Nadie se enteró de que había visto el NODO. Los contenido cambian, los mensajes también, la intención de condicionar es se mantienen.
Media hora después aparecen los primeros planos de la película. Me desconciertan. Esperaba ver sirenas de policías uniformados llegando a casas de universitarios inocentes, psicológicamente normales; subir a sus casas y llevarlos esposados a los sótanos del Jourdan Hall de Stanford. Pero en el reparto no se mostraban policías, ni guardianes, ni celdas, ni rejas, ni órdenes de besos homosexuales, ni castigos humillantes, ni gritos pidiendo ser devueltos a la libertad perdida sin imputación de cargos probados. Tampoco aparecieron las conspiraciones y agrupaciones dev padres de los prisioneros para contratar abogados prestigiosos que denunciaran aquella condena "libremente aceptada por sus hijos" . Zimbardo, expresivo, ojos penetrantes y convincentes, camisa de colores, perilla puntiaguda y satánica: prolongación de unas mejillas hundidas y huesos faciales prominentes, deambulando enjaulado sobre el escenario, fiera psicológica anhelando comunicar la genial idea que habitaba todas los meandros de su cerebro gris y calloso, tampoco aparecía. Todo era extraño para tratarse del experimento de la cárcel de Stanford, la Universidad de Palo Alto.

La película se abre con la disputa entre dos profesores por evitar dar una clase de educación social. Uno, obligado por esas leyes no escritas que imponen el orden de prelación en la elección de asignaturas en los centros docentes, se presenta en el aula habitada por pandillas divididas y rivales. Tiene la idea de enseñar ciudadanía convirtiendo la clase en un grupo homogéneo. Enseñar investigando, llamaba Lewin a este método. Aquellos jovenzuelos deberían constituir una sociedad desde cero. Poco a poco van dándose normas, nombres (LA OLA) símbolos, saludos que les identifiquen y les distingan de los demás. La orgullosa identidad causa el odio a los desiguales. Hacen de la defensa de sus miembros una norma y convierten al más débil del grupo en miembro poderoso y servil del jefe: es su guardaespaldas. La rivalidad se transforma en agresión y delincuencia organizada. Son el terror del Instituto y de la ciudad. La experiencia se había escapado a todo control externo. Armado de autoridad de Caudillo, el profesor, no sin dificultad y para desilusión de los jóvenes "oleros", algunos intentan rebelarse, tiene que interrumpir la experiencia.
- ¡Lo que se puede producir de manera tan simple!. Comentaba uno de mis acompañantes.
- Así se explicas las matanzas entre bandas que ocurren cada dos por tres en los barrios de
inmigrantes, en las discotecas.
_ Esto es brutal. ¡Menuda lección de vida!.

Con más abundancia de palabras, pero expresando la misma idea, los medios de comunicación reaccionaron también asustados.
-¿Cuál era mi pensamiento?
-¿De verdad quieres saberlo?
Pues sencillamente el siguiente: YA SOMOS CREÍBLES.

La identificación del espectador con los personajes que pasan ante su mirada, sumergido en la obscuridad de una sala donde el foco de atención apunta a la sucesión de imágenes contando una historia; la inmediatez, la instataneidad de las imágenes mismas, el convencimiento de haber sido testigo presencial de la creación de una identidad grupal, le convencen de que eso es posible en la realidad. ¿Posible? No, es real, con textura visual y táctil. El haber sido testigo presencial causa otro efecto más profundo: el convencimiento de que ¡ESO LO PUEDO HACER YO!, ¡ME SIENTO CAPAZ, AUTOEFICAZ PARA RECREAR ESTA HISTORIA AL OTRO LADO DE LA FICCIÓN!

¡YA SOMOS CREÍBLES! En la memoria de un psicólogo social se estrangulan, por aparecer investigaciones tan lejanas como la teoría sociométrica de Jacob Leví Moreno, a quien dediqué varios años de estudio para realizar mi tesis doctoral. La teoría de los grupos de Kurt Lewin y sus seguidores. La teoría de la comparación social de Leo Festinger.


La película dejó de interesarme nada más concienciar el planteamiento psicológicos. Es decir, pronto. Me atrajo el lenguaje de las imágenes como vehículo eficaz para comunicar hallazgos de Psicología Social publicados hacía más de medio siglo. ¡Y no hemos sido capaces de trasmitirlas a la sociedad! ¡YA SOMOS CREÍBLES!: basta con sustituir al profesor por la pantalla de proyecciones, insuflarles acción a las imágenes y las ideas, científicamente demostradas, son comprendidas y aceptadas con menos sentido crítico, siguiendo alguno de los heurísticos de Tverky y Kahneman, que en el año 2002 obtuvieron el Premio Nobel en Economía


Aún no he dicho qué descubrí en el guión de LA OLA para perder mi interés. Descubrí algo más profundo que la adopción de los roles del experimento de la cárcel de Stanford. Aquello era un calco de las categorizaciones de Tajfel, psicólogo social judío alemán, huido al Reino Unido perseguido por los nazis, fundador de la llamada Escuela de Psicología Social de Bristol. Su mente se obsesionó por descubrir la raíz más profunda de la discriminación, la segregación y el racismo. ¿Por qué mi gente me ha perseguido? Su respuesta: la categorización social. Basta con que dividas a un grupo en dos, a uno le denomines partidario de Klee y al otro de Kandiski para que amigos entrañables se conviertan, como por ensalmo, en fieros enemigos. Se insultan, se ponen motes, son carroña merecedora de aniquilación, se les deshumaniza. Los animales carroñeros, enemigos de lo propio, deben morir si nosotros y los nuestros hemos de sobrevivir. Así de sencillo, pero así de cruel. La categoría a la que pertenecemos se encumbra y nos ensoberbece. La "otra", efecto de una involución sorprendente, regresa a especie animal abyecta. Tan simple y tan eficaz: categorizar es dividir. De la división el odio y el lenguaje del mal y de la guerra. Eso fue lo que hizo el profesor de ciencias sociales en el la clase de LA OLA. El resto se le fue de las manos al improvisado psicólogo social.


- Seño, ¿por qué los negros lo rompen todo y le prenden fuego a las casas y a los coches?. Preguntaron una mañana de abril de 1968 los niños cristianos, todos blancos, que jamás habían tenido contacto con negro alguno, habitantes de un pueblecito rural del Medio Este Norteamericano a Jane Elliot, su Seño, el día que asesinaron a Martin Luther King

- Imposible explicarles los conceptos de segregación, racismo, discriminación, rechazo.

-Mejor será que lo vivan.

-Lo echo a suertes. ¡Ya está!. "Esta semana los niños de ojos azules y pelo rubio serán los torpes, los de ojos castaños y morenos serán los listos. ¡A ver qué pasa.!

Si un niño rubio se equivocaba, le llamaba torpe, y pedía a uno de ojos marrones que le corrigiera. La narración primera de estos hecho, aparecida en el libro editado por Zimbardo : Psychology and Life, es estremecedora. Los torpes regresaron en su capacidad intelectual siendo incapaces de resolver problemas que habían superado dos cursos antes. Los morenos montaron guardia en el reparto de la leche de media mañana para que no repitieran los rubios tontos: "No merece la pena gastar la leche con los tontos". "Me sentía en una mazmorra de la que era imposible salir porque se había perdido la llave", confesó un niño rubio. "Yo me siento como un rey, yo mando y ellos obedecen", decía, por contra, un niño de ojos marrones.

Clasificar, categorizar, asignar personas a esas categorías y se ha fundado LA OLA.


"Normalmente en una partida de paintball se enfrentan dos equipos con el fin de eliminar a todos los jugadores del equipo contrario o completar un objetivo (como capturar una bandera o eliminar a un jugador concreto)".


Definición tomada de Wikipedia. ¿Se descubre alguna diferencia con lo que sucede en LA OLA?. Yo no: hay grupos, hay valor añadido a la división, hay motes, hay lucha, hay disparos, tiene que haber vencedores y vencidos. ¡Y esto se practica dentro de las empresas para unir a sus directivos!. Sólo una psicología dinámica trasnochada puede decir que la agresión en el juego o, peor, la agresión como juego, drena, limpia las cloacas de los malos entendimientos en las empresas.


Las primeras investigaciones que hicieron famoso a Bandura en la Psicología universal, fueron sus estudios sobre la imitación de las conductas agresivas. Desde entonces hasta hoy las investigaciones no han cesado de demostrar que la agresión no genera más que agresión.


¡Enteraros de una vez, altos directivos que pagáis grandes sumas de dinero a pseudoprofesionales que os hacen gastar ingentes cantidades de dinero para que salgáis más desunidos después del paintball! Ni siquiera es una diversión, porque donde alguien pierde no hay felicidad. Donde se lucha se aprende a luchar y, si se marca al enemigo, también se adquiere el convencimiento de saber disparar certeramente. Quien dispara y da en el blanco se juzga autoeficaz para volver a disparar. Ya sólo falta la ocasión, la disculpa, el mecanismo de desvinculación y el machaque físico del contrario (carroñero) está servido.


-¿Quién lo iba a decir?. Si parecía una persona normal. ¡Es que lo era!


Mal año para las agresiones familiares, anunciaban ayer los noticiarios. ¡Pero si no dejáis de dar ejemplos de como se asesinan esposas, novias, amantes o pretendidas!.


Naturalmente, todo lo que he dicho al final es discutible. ¡Verdad!. Me ha faltado la inmediación de la imagen. ME HA FALTADO EL LENGUAJE DE "LA OLA" PARA SER CREÍBLE.

P.D. La Profesora Carmen Herrero, ha inundado mi messenger de informción exitente sobre LA OLA. No s trataba dela Universidad de Stanford, sino de un Instituto de Palo Alto. Esto no cambia las ideas de este tema del blog, ni las críticas al pintball. Todas son válidas. Pero me ha nteresado la otra versión de LA OLA


3 comentarios:

Nando dijo...

Ciertamente, basta con que algo se traduzca al cine para que alguien se lo crea, sino no, lo que dice el cine es filosofía de vida, te hace creible, los libros son para los científicos con bata blanca.

Probablemente nadie que no tuviese contacto con la psicología conocía a los autores a los que hace usted referencia en esta entrada, sin embargo ahora si le interesaría saber más sobre el tema a cualquiera que haya visto la película, esto funciona así.

Me ha llamado mucho la atención este artículo porque yo en su día también hablé de la película en mi humilde blog, salvando las distancias claro está, dado que mi blog está dirigido a un público muy distinto y aborda todo desde el humor, la entrada está en un lenguaje mucho menos científico, para que cualquier persona pudiese entenderlo.
Por si le interesa le dejo el enlace a la crítica:

http://www.jandeporas.com/2008/12/la-ola.html

También me ha llamado la atención el tema del paintball, estaba al corriente de que algunas empresas (especialmente en EEUU) emplean ese tipo de técnicas, pero no se nada acerca de si se hace también aquí en España. Muy buena la equiparación con La ola.

En definitiva estoy de acuerdo, falta el lenguaje de La ola para hacer llegar cualqier mensaje. Utilizando un ejemplo bastante alejado de la psicología, creo que gran parte del poder mediático de Stephen Hawkins (no se si habrá leído por curiosidad algo sobre el)es que trató de adaptar sus libros a un lenguaje que casi cualquiera sin tener una carrera en física pudiera entenderlo.

Para finalizar el comentario pienso que el tema de los noticiarios y las agresiones familiares (buen termino: familiares, porque se escucha cada etiqueta...) también es discutible, pero tampoco es cuestión de hacer este comentairo interminable jaja eso es otro tema.

Un saludo

Garrido dijo...

Hola Nando. Etoy de acuerdo con tus comentarios. Quisiera, sin embargo, hacer algunas precisones. Más que nada para que no se suponga que digo lo que no quiero decir. Como decía Ortega en El Espectador, lo que se da por supuesto es lo más importante de la comunicación. No estoy en contra de los test psicológicos. Generalmente están sometidos al crisol de la fiabilidad y la validación de la realidad. Lo que creo es que miden, cuando lo miden, el estado presente de una persona. Lo que no creo ni creeré jamás ya es que midan las cualidades innatas. Para siempre jamás. Amén. Por esta razón, pueden utilizarse para seleccionar o aconsejar. Punto de arranque de un Camino de Santiago personal. Pero, como a Roma, al Santiago ppersonal se puede ir por todos los caminos: la Ruta de Roncesvalles o la Ruta de La Plata. Rutas a la que, como en los grandes ríos, acceden afluentes, arroyos,regatos y regateras. Cada uno ha de trazarse su modo de afluir a la realización personal.

También quisiera comentar algo sobre el conductismo. Concedámosle el merito de haber luchado, científicamente, contra el omnipreseente y omnipotente psicoanálisis. Pero negémosle el supuesto de creerse el señor de su siervo, el paciente que acude implorando auxilio, al que puede condicionar ofreciéndole lo que el siervo no tiene: la capacidad de gratificarle o castigarle. Pero esos supuestos no valen para la voluntad libre del señor (el terapéuta, el interventor).

Bandura, al ser elegido Presidente de la todopoderosa APA, defendió a los conductistas, como Wolpe, de los dinámicos, pero, tras concederles los papeles de la nacionalización terapéutica, tuvo que defenderse de ellos ( furibundos desagradecisos) cuando propuso la teoría de la autoeficacia. Pero les demostró fehacientemente que las técnicas conductistas son eficaces en tanto en cuanto generan en las personas a las que tratan el convencimiento de que YA SE CONSIDERAN CAPACES de salir a la calle, de hablar en público, de olvidar los pensamientos obsesivos, de convivir con perros y enroscarse enormes culebras a su cuello y permitirles que repten por piernas, torso y brazos; asirlas cariñosamente por su diminuta cabeza, mirarles a los ojos y decirles: "Hola, ya somos amigos, ¿quieres vivir conmigo?". Y la culebra, clavándoles sus pequeños ojos verdes,lame insistentemente, con su lengua bífida, su cara y les contesta: "Sí, quiero". La culebra, feliz por la invitación, se estira mimosa, abraza más extensión de sus cuerpos (amante posesiva) y les aprieta mimosamente, acurrucada al calor del cuerpo que la invita.
Cuelquier tipo de terapia es eficaz en la medida en la que genera autoeficacia, y el conductosmo, bien entendido, es una fuente de autieficacia porque exige al sujeto la ejecución de conductas que nunca antes había soñádo realizar, aunque las deseara. Seguro, Nando, que tú también tuviste y vives esa sensación de enseñoramiento.

Gracias, Nando, por permitirme recobrar la sensación del profesor que responde, estimulado, a las interesantes preguntas de los alumnos a los que siempre me dediqué.

Diario Emprendedor dijo...

Veo en su entusiasmo por los medios audiovisuales algo similar a las expectativas de los antropólogos por la nueva antropología visual. Quizá valga la pena pensar en la psicología visual.