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miércoles, 20 de marzo de 2013

ROBAN, PERO NO ENGAÑAN II


 

-¿Has buscado alguna explicación alternativa a la del olvido de la norma en quienes la trasgreden?
-Ya,... no.
-Pero es importante, para progresar intelectualmente, no aceptar a ciegas la explicación que se propone. Puede existir otro punto de vista. Acompáñame para ver  el primero que se les ocurrió a Shu y Gino.
En la vida existen experiencias, especialmente infantiles, que dejan huella en la memoria y que, a fuerza de repetirlas o recordarlas con asiduidad, forman parte del  repertorio idiosincrásico que se llama personalidad. Hermanos que fueron alabados o reprendidos por los mismos hechos en el mismo momento y con las mismas palabras unos los olvidaron  por completo y para otros fueron mojones en su experiencia personal.
 
El recuerdo de unos hechos y el olvido de otros explica la exagerada influencia concedida a las experiencias infantiles. Es la razón por la que se cree que la personalidad se forja en la infancia (si no hay quien piensa que es hereditaria): hay experiencias que dejan huella y se rememoran, mientras que otras, tan importantes o traumáticas, perdieron interés. Los padres, aunque lo crean, nunca educan a sus hijos de la misma manera. Ni aunque hubieran clonado las experiencias vividas por todos sus hijos.  La personalidad no es algo fijo sino fluido; no es pétrea, sino maleable.  Las experiencias de la infancia no  forjan la personalidad más que las adultas. ¿Por qué una experiencia infantil debe ser más determinante que una adulta? Sólo la rememoración mental o factual forja la personalidad.
 
-Predícame cura, predícame fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.

No puedo situar el momento en que oí este refrán por primera vez. Sí recuerdo que reflexioné sobre él y que me lo he repetido con frecuencia cuando mi  obligación me exigía amonestar a algún subordinado o amigo, o protestarle a un superior. Me parece inútil si no hay receptividad o se interpreta como revancha.
 
Parece que la creencia de que los "sermones morales" sirven de poco es de sentido universal, que no es lo mismo que el sentido común.  Parole, parole, parole". Tanto que  Shu y Gino  lo asumen como posible explicación de los resultados de su primer experimento. Quienes  no recordaron las normal del código de honor tras haberlo trasgredido pudo deberse a su falta de atención y, consecuentemente, a la imposibilidad de rememorarlos.

Para desechar esta hipótesis del olvido, ejecutan un nuevo experimento, con una muestra semejante (pero distinta). Los cambios que realizan son los necesarios para eliminar la explicación de la falta de atención. Sólo modifican dos condiciones: primera, eligen dos códigos morales: el código de honor y los diez mandamientos. Entregan un cuadernillo a los participantes y les piden que sigan la lectura que el experimentador hace en voz alta.    La segunda modificación consiste en hacer dos pruebas de memoria: una antes de que los sujetos  incumplan el código de honor y la segunda después de haberlo violado. Con esta condición confirmarán que el olvido, si se da, es debido realmente a su incumplimiento.

Todo lo demás permanece igual: recibirán dos dólares por participar y pueden ganar hasta 10 si aciertan todas las preguntas de los problemas matemáticos.

Recordemos un poco toda la secuencia por la que pasan los participantes. Los sujetos, 123 estudiantes universitarios, son invitados a participar en un estudio en el que han de realizar distintas tareas de capacidad. Cuando llegan al laboratorio,  se les entrega un libreto con dos contenidos que leerán en voz baja mientras los escuchan leídos por el experimentador. Esta vez los dos contenidos son semejantes en longitud y se refieren a normas de comportamiento moral: el código de honor universitario y los diez mandamientos.  Realizada la lectura, pasan dos minutos en actividades de distracción (no dicen en qué consistieron, pero generalmente son actividades de relleno con la disculpa de participar en el experimento que está realizando otro profesor). Y ahora, después de estos dos minutos, pasan una prueba de memoria sobre los dos códigos morales. Seguidamente afrontan la resolución de los problemas matemáticos. Uno de los grupos corregirá los resultados, los anotará en una hoja distinta y tirarán a la papelera de reciclaje la plantilla de los problemas (son ellos los que anotarán el número de  sus aciertos). El experimentador corrige y anota los resultados del otro grupo,  lo que les imposibilita  mentir. Pero todos recibirán 0.50$ por cada acierto. Entregados y contados los aciertos, cada uno recibe el dinero que le corresponde.  A continuación, emplean otros dos minutos en tareas de relleno y, finalmente, se enfrentan de nuevo al recuerdo de los preceptos del código de honor.

Me imagino que ya te habrás hecho las siguientes preguntas:

1. ¿Recuerdan por igual todos los sujetos los códigos morales antes de haber afrontado los problemas matemáticos? La respuesta es sí. Todos los participantes de todos los grupos recuerdan por igual los dos códigos antes de afrontar la prueba matemática. 

2. ¿Hubo quienes, teniendo la posibilidad de engañar en sus resultados, lo hicieron?. Sí. El 32 por ciento de los integrados en el grupo  experimental. Como en el primer experimento.

3. ¿Un vez que han mentido, recuerdan por igual los dos códigos en la segunda prueba de memoria?. No.  Y, como en el experimento primero, se  han constituido tres grupos: el de los que no pudieron mentir porque el experimentador corrigió sus ejercicios; el de los que, habiendo podido mentir, no lo hicieron y, finalmente, el 32% de los que habiendo podido mentir lo hicieron. Los resultados, también como en el primer experimento, muestran que los que mintieron recuerdan menos elementos del código de honor que los que no mintieron. Los que no mintieron, bien porque lo eligieron voluntariamente, bien porque les fue imposible, recuerdan por igual. Además, y como en el primer experimento, se da la correlación entre mengaño y olvido: quienes más mienten olvidan más.

En este segundo experimento existe la posibilidad de realizar una  comparación nueva entre los grupos: entre la primera prueba de memoria y la segunda. Los que no mienten recuerdan lo mismo después de haber realizado la prueba matemática que antes de haberla realizado. Es decir, sólo los que engañan se olvidan del código moral.

Queda descartada la posibilidad de que las lecturas de contenido moral cautivan menos la atención, y se recuerden peor porque se grabaron peor. No cabe esta explicación.

 Ha pasado un tiempo desde que escribiera el tema anterior. Lo que no ha cambiado es la conducta de los nuevos casos de corrupción política: todos siguen negando su culpabilidad, todos quieren ir a demostrar su inocencia ante el juez y todos suelen salir imputados de esa oportunidad de mostrar su honradez.

Quizás están convencidos de su inocencia porque han olvidado el código penal que castiga sus conductas indecentes. Pero lo que no es cierto  es que el código moral o penal no pesara sobre sus conciencias en el momento de tramar y ejecutar sus tropelías. Por eso deben recibir su castigo judicial y social.
Pero ¿cabe aún otra explicación?. Continuará.

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