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martes, 17 de julio de 2012

ARMAS E IDEAS: DEMASIADAS VECES JUNTAS


  
¿Es Breivik culpable?  Con este titular analizaba Ann-Luise Gulstad, en un artículo publicado  en el diario EL Mundo, (27 de junio pasado),  el dilema al que se enfrentan el Tribunal y la población noruega, una vez finalizada la vista en la que se juzga  a este asesino de  adolescentes,  que ponían a puto sus ideas políticas en la isla la de Utoya .

Si le juzgan enfermo mental (paranoia esquizofrénica), la sentencia ordenará encerramiento psiquiátrico, hasta que se cure. Si los tratamientos psiquiátricos consiguieran devolverle la cordura, retornaría a la sociedad libre. Esto ocasiona temores de que, ya curado (¡) vuelva a  cometer nuevos crímenes “ideológicos”.

Si se le juzga cuerdo, deberá encerrársele de por vida en la cárcel. Pero allí tendrá acceso a las conexiones online a través de los cuales podrá seguir divulgando sus ideas contra el Islam y sus “cómplices” occidentales. Dado su estilo de vida solitaria, la cárcel, con comunicación online, es poco (nulo) castigo para quien ha ocasionado tanto dolor. ¿No termina ría convenciendo a otros para que pongan en prácticas las ideas de su MEMORÁNDUM?

Breivik esencialmente es una persona, tan ferviente y devotamente convencida de sus ideas, que cree en la violencia extrema, si llega el caso, como instrumento para propagarlas. Breivik es un comunicador y, como tal, desea que su mensaje sea creíble. Sus ejecuciones, bien a su pesar (como dice explícitamente en su MEMORANDUM), son un acto de altruismo a favor de los derechos humanos conquistados por occidente. Su juicio lo convierte (siguiendo su manual de instrucciones) en acto de comunicación y propaganda. Hicieron bien los Magistrados al no permitir que fuera público y televisado.

¿Cuál sería, pues, la sentencia más dolorosa para Breivik? Sin duda, que se le juzgue como loco. De esta manera SE DESCALIFICA LA CREDIBILIDAD DE SU MENSAJE. Él lo sabe. Por eso insulta y descalifica la credibilidad de los psiquiatras que le diagnostican de demente paranoico.

Pero la CREDIBILIDAD DE UN MENSAJE no reside solamente en quien lo emite, también EN QUIEN LO RECIBE.  Aunque la sentencia encierre a Breivik en un psiquiátrico, ¿dejarán de creerle quienes lean su mensaje? Los héroes y los santos lo son porque los demás consideran sus actos como ejemplares y excepcionales.  En tal caso, resultaría indiferente cualquiera de las dos sentencias. Cualquiera de las dos pueden ensalzan a un héroe que entrega su vida por sus ideas benefactoras.

¿De qué quiere salvar Breivik a Europa ante la nueva invasión del islamismo? Dicho en terminología de las necesidades básicas de Deci, Breivik quiere que occidente preserve la competencia personal, la autonomía y la libertad de las relaciones interpersonales. Sin ellas, como dice otro eminente psicólogo social, Locke, vivir carece de sentido.

Dicho paradójicamente, el asesino noruego quitó la vida a quienes eligieron sus propios ideales políticos: la tolerancia personal y social. Su error consistió en defender sus ideologías con las armas. En la cultura occidental no se permite matar por ideología. Y cuando se hace, toda la sociedad se coloca frente al criminal. Por eso es criminal, porque lo hacen solamente unos pocos contra el sentir común tolerante de los demás.

“La imágenes que van a ver hieren la sensibilidad humana”. Con esta introducción presentaron todos los telediarios, hace exactamente 10 días, la ejecución de una mujer supuestamente adultera.  Intento abrir el vídeo en YouTube y me encuentro con la advertencia: “Este video de YouTube puede incluir contenido inadecuado para algunos usuarios. Inicia sesión para confirmar tu edad”.

 En el recodo de un camino de arena, a las afueras de un pequeño poblado, Oimchok, junto a unos matorrales, aparece un bulto blanco. Es una mujer adúltera cubierta por su burka. Tiene sólo 22 años. A la distancia que separa una orilla del camino polvoriento de la otra, una autoridad religiosa dicta la sentencia de la Sharia. Al lado de la mujer, de pie, con un rifle en las manos apuntándola, el que, según las agencias de noticias, es su marido. El lugar donde se ha colocado a la acusada está en el fondo de una pequeña colina que hace de anfiteatro. La colina invadida por gente que quiere presenciar la ejecución. Resulta difícil no recordar la narración bíblica de la mujer adultera.

Todavía se oye a la autoridad religiosa dictar sentencia cuando comienzan a sonar los disparos. Uno, dos… al tercero el bulto blanco se derrumba y queda inmóvil. Los disparos, sin embargo, continúan: cuatro, cinco… Se pueden contar hasta nueve. Pero hay que volver a ver el vídeo para prestar atención sólo a los disparos, porque la multitud que asiste al “espectáculo” grita jubilosa agitando sus manos. En un momento, el vídeo muestra la reacción de satisfacción de uno de los asistentes. ¡“Dios lo quiere”!, era, al parecer, el grito de los asistentes.

Ante los asesinatos de la isla de Utoya la población grita contra quien dispara, porque en la sociedad occidental se permiten, mejor, se respetan las decisiones que demuestran el cumplimiento de las tres necesidades básicas investigadas por Deci: competencia, autonomía y libertad de en la relaciones sociales.  En el espectáculo de de Oimchok, la población aclama al ejecutor de alguien que posiblemente (sólo muy posiblemente) había decidido comportarse de manera incipientemente autónoma. Breivik mata para defender las necesidades básicas.  En Afganistán, el marido mata porque la mujer se había tomado ciertas libertades básicas.

En definitiva: una misma consecuencia: la muerte de personas inocentes que quisieron ejercer su autonomía personal. Dos reacciones distintas: la de los que aplauden y la de los que satanizan. Unos lo consideran ejecutor de leyes divinas y otros lo llaman loco paranoide. A la base: un mismo mecanismo psicológico que facilita convertir en acción moral lo que es intrínsecamente inmoral.

-          ¿Y?...
-          ¡Ah!, ¿es que estás esperando que me decante por quien mata para que los otros no sigan matando la dignidad humana (Breivick), o por quien mata y desea imponer a los “gentiles” (o sea, a todos los demás, a nosotros) que se prohíba la autonomía, la competencia y el reconocimiento social?
-          Yo me decanto por no matar, bajo ninguna justificación o mecanismo ideológico…
-          Y porque la persona se sienta competente, autónoma y tenga reconocimiento social.  
-           Espero que estés conmigo, porque si no lo estás…
-          ¡Tranquilo, que no soy ni Breivik ¡

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